Antarctic Sapiens

Privacidad — qué guardamos y por qué

Corta, porque no hay mucho para decir.

La casa junta dos cosas: una dirección de correo, si la das, y un conteo de páginas vistas que no está atado a vos.

El estado, dicho de frente: el mostrador de suscripciones está construido pero no abierto. Los formularios postean al endpoint de este mismo sitio y a ningún otro lado — ningún servicio de formularios de terceros, ningún rastreador, nunca el servidor de otra empresa. Hasta que el mostrador abra, ese endpoint no tiene dónde escribir: nada de lo que tipeás se guarda, no se manda nada, y el formulario te lo va a decir en lugar de agradecerte. Lo que sigue describe el arreglo para el que están construidos los formularios, y entra en vigencia el día que abra.

Si te suscribís al Dispatch

Pedimos una dirección de correo. También registramos por qué puerta entraste — un ensayo, el Estudio, el estante de Ediciones, el pie — porque así es como aprendemos qué vale la pena escribir más.

La suscripción es con doble confirmación. No se manda nada hasta que confirmes desde tu propia bandeja, y cada carta lleva una baja de un clic que funciona en el momento y no después de una encuesta.

La lista vive en nuestro proveedor de correo. De nuestro lado guardamos un hash con sal de la dirección en lugar de la dirección, junto con la puerta, el idioma, la fecha y el texto exacto del consentimiento que aceptaste. Guardamos el hash para que suscribirte dos veces no te mande dos cartas, y para poder contar sin leer.

Si nos escribís

El formulario de Correspondencia va a la bandeja de la casa y lo lee una persona. Guardamos el mensaje mientras la conversación siga viva, y una fila anonimizada — el tipo de consulta, el rango de presupuesto, la fecha — para poder contar consultas sin armar un legajo de quien las hizo.

La casilla del Dispatch en ese formulario nunca viene tildada ni va empaquetada con el envío. Escribirnos no es consentir un newsletter.

Analítica

Medimos páginas vistas, referentes y países con una herramienta sin cookies. No se instala ninguna cookie, no se arma ningún perfil entre sitios, y no se comparte nada con ninguna red publicitaria.

Por eso no hay cartel de consentimiento en el sitio. No encontramos la vuelta astuta a la norma; elegimos una herramienta que no la dispara, que además resulta ser la única opción coherente con un registro que prohíbe interrumpir al lector.

Lo que nunca hacemos

  • Vender, alquilar o compartir la lista. Ni con socios, ni con un sello, ni con nadie.
  • Instalar cookies de publicidad o de rastreo.
  • Sumarte al Dispatch porque hiciste otra cosa.
  • Poner datos personales en una URL.

Tus derechos

Podés pedir qué tenemos, pedirlo en formato portable, pedir que se corrija o pedir que se borre. Escribí a Correspondencia y se hace dentro de los treinta días, en general la misma semana.

Borrar quiere decir borrar, incluidos el hash y la fila del evento, no una marca que te esconde de una pantalla.

Dónde están los datos

El sitio se sirve desde una red de borde global. La lista de correo la tiene el proveedor en servidores dentro de la Unión Europea. Las consultas están en una casilla. No hay un tercer lugar ni un depósito de datos.

Cambios

Si esta página cambia de un modo que afecte lo que hacemos con tus datos, el cambio se anuncia en el Dispatch y no con una fecha discreta al pie de una página que nadie vuelve a visitar.

Dudas sobre cualquiera de estas cosas: escribile a la casa.